El último escalón de la mala suerte es el primero de la buena


Una historia china cuenta que había un anciano labrador que tenía un viejo caballo para ayudar con el cultivo de los campos. Un día, al despertar el anciano se dio cuenta de que el caballo había escapado a las montañas. Cuando los vecinos del anciano labrador se enteraron, fueron a su casa para apoyarle por tal desgracia:


- ¡Qué mala suerte!- decían los vecinos. A lo que el labrador les replicó:

- ¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?-


Al poco tiempo, el caballo volvió de las montañas acompañado por una manada de caballos. Los vecinos fueron a la casa del labrador para felicitarle por tan buena noticia.


-¡Qué buena suerte!-

dijeron los vecinos. El labrador les respondió:

- ¿Buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?-


Cuando el hijo del labrador intentó domar uno de aquellos caballos salvajes, cayó y se rompió una pierna. Todo el mundo consideró esto como una desgracia.

- ¡Qué mala suerte!- decían los vecinos. A lo que el labrador les replicó:

- ¿Mala suerte? ¿Buena suerte? ¿Quién sabe?-



Una semana más tarde, el ejército entró en el poblado y fueron reclutados todos los jóvenes que se encontraban en buenas condiciones. Cuando vieron al hijo del labrador con la pierna rota le dejaron tranquilo.

¿Había sido buena suerte? ¿Mala suerte? ¿Quién sabe?



Tomado del libro “Sadhana, un camino de oración“ Anthony de Mello (1931-1987).


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